LA COMUNA DE PARÍS, 146 AÑOS DE LA PRIMERA EXPERIENCIA DE EMANCIPACIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA DE LA CLASE OBRERA.

comuna1871

 

El pasado 18 de marzo se conmemora los 146 años de un hecho asombroso, pionero en la historia de la humanidad. La Comuna de París de 1871, un episodio inspirador para la clase obrera.

Para comprender el acontecimiento, debemos retrotraernos a junio de 1848. En aquel año, bajo la ola de revoluciones liberales que asolaba la Europa absolutista, Francia vivió una insurrección obrera. La denominada Revolución francesa de 1848 se gestó bajo el impulso que el movimiento obrero había vivido en el país fruto de la crisis económica, industrial y financiera que asolaban la monarquía constitucional de Luis Felipe I y que se unía a la exasperación de socialistas y republicanos ante la falta de avances democráticos de dicho gobierno. La crisis hizo caer al régimen monárquico, pero el advenimiento de una Segunda República con aires democráticos dio paso rápidamente a una de carácter represor y autoritario. El germen de este cambio fueron las manifestaciones que se produjeron en París ante las medidas impopulares adoptadas por un gobierno de derechas surgido de las urnas con el apoyo del campesinado francés, tradicionalmente bajo el dominio de las clases conservadoras. Estas protestas derivaron en la toma de los obreros de las calles de la capital y el levantamiento de barricadas ante la declaración del estado de sitio por parte del ejecutivo. La revolución fue aplastada a fuego y sangre, dejando muy debilitado el movimiento obrero. No obstante, tuvo una gran repercusión en varios países europeos en lo que se ha denominado la Primavera de los Pueblos, consiguiéndose en éstos importantes logros democráticos.

El primer presidente de la república elegido por sufragio universal masculino, Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del antiguo emperador corso, al no poder presentarse a la reelección por mandato constitucional da un golpe de estado contra la joven Segunda República e instaura el Segundo Imperio, coronándose como emperador en 1852. Este nuevo régimen de corte personalista se erigió sobre la base de un periodo de  bonanza económica capitalista, basada en unas políticas liberalistas y en el desarrollo del imperialismo francés, así como una represión sobre el movimiento obrero. No obstante, la década de 1860 traerá dos novedades: la reorganización del movimiento obrero, que tendrá su máxima expresión en la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), reuniendo diferentes corrientes del movimiento obrero. Y una ralentización del auge económico del que se había estado alimentando el Imperio, que dará paso a una nueva crisis financiera e industrial. El emperador, para fortalecer el régimen, debilitar a los enemigos internos y acabar con los problemas económicos de Francia, intentó unificar al país en torno a un enemigo exterior: hizo marchar a sus ejércitos en 1870 contra el canciller germano Otto von Bismarck.

Sin embargo, la invasión de Alemania significó el punto y final para el emperador. En 1871 un gran movimiento revolucionario fruto del descontento popular y de la guerra contra la joven Alemania, en la que el mismo emperador Napoleón III con sus tropas fue capturado por el ejército de Bismarck (2 de septiembre de 1870), brotó de forma masiva en París. De esta forma, los parisinos tomaron las calles exigiendo la caída del régimen imperial y su sustitución por una república democrática. El 4 de septiembre, la oposición republicana se vio forzada a cumplir sus exigencias. Para hacer frente al avance de las tropas alemanas, que rápidamente rodearon la capital gala, se conformó un gobierno de defensa nacional. En un principio, el pueblo apoyó al nuevo gobierno bajo el paraguas de la unidad frente al extranjero, pero esta se quebrantó pronto. El hecho de que buena parte de las fuerzas defensoras estuviera constituida por trabajadores armados, la Guardia Nacional, hizo que estos supusieran una amenaza aún mayor para la clase capitalista del país que las tropas acantonadas frente a las puertas de la ciudad. Frente al terror que les inspiraba esta situación, el gobierno decidió que la mejor solución era una rápida capitulación. En febrero de 1871 la Asamblea Nacional, surgida de unas elecciones donde los candidatos conservadores fueron los mayoritariamente elegidos gracias al apoyo de las zonas rurales y del campesinado, que estaba a favor de la paz, nombró a Adolphe Thiers como nuevo jefe de gobierno. El nuevo ejecutivo tenía tintes muy reaccionarios y, asustado ante los acontecimientos de París, provocaba constantemente a su población calificándolos de asesinos y criminales, y llegó a quitarle a la ciudad el estatus como capital del país, transfiriéndoselo a su vecina Versalles.

La reacción de la Guardia Nacional no se hizo esperar. Los obreros armados eligieron un Comité Central de la Federación de Guardias Nacionales y declararon su derecho a elegir y revocar a sus dirigentes. El ejecutivo de Thiers quiso poner fin rápidamente a la situación de doble gobierno surgida en París haciendo uso de guardias regulares, pero estos se rindieron sin ofrecer resistencia alguna ante la Guardia Nacional. Preso del pánico, el gobierno de Thiers instó al resto de las tropas regulares a que abandonaran la antigua capital: en la mente del jefe del ejecutivo estaba el miedo a un posible contagio revolucionario. El aparato del Estado se encontraba en una situación de desgobierno en París y la Guardia Nacional no tuvo problemas en tomar los principales puntos estratégicos de la capital sin encontrar resistencia. El 18 de marzo por la tarde un nuevo gobierno revolucionario basado en el poder armado de la Guardia Nacional tenía el control de la ciudad del Sena. Pero el Comité Central pronto quiso delegar cuanto antes el poder en una Comuna surgida tras la organización de unas elecciones en los barrios.

Los trabajadores de París sustituyeron las instituciones capitalistas del estado imperial de Napoleón III por órganos de gobierno propios, llevando a cabo una lucha sistemática en un contexto muy complejo, para acabar con la explotación y opresión muy presentes en ese momento en Francia. Su meta fue la reorganización de la sociedad bajo unas bases radicalmente novedosas para aquella época. Sin embargo, los escasos dos meses en que consiguieron mantenerse antes de ser vencido, no les permitió hacer realidad la nueva sociedad que anhelaban.

Las principales medidas que la Comuna llevó a cabo fueron la eliminación de todos los privilegios de los funcionarios, la congelación de los alquileres, garantizar la subsistencia de pobres y enfermos, el control de los trabajadores de aquellos talleres abandonados, la limitación del trabajo realizado en las horas nocturnas, ilegalizó los ejércitos, requisó los edificios públicos para darles un uso social, teatros, centros de cultura y aprendizaje fueron declarados espacios de uso para todos al igual que la educación pública, y se decretó que todos los trabajadores extranjeros debían de ser tratados como hermanos y hermanas al formar parte de la república universal del trabajo internacional.

Durante este periodo hubo una explosión de debates y reuniones, realizadas día y noche, donde se abordaban y debatían por parte de hombre y mujeres de cualquier condición los aspectos de la vida social, con gran interés en el modo de organizar la sociedad en interés del bien común. Era una sociedad con un claro carácter social y político, por ende socialista. Pero cometieron errores que conllevarían al aplastamiento de la Comuna tras sus escasas diez semanas de vida. Marx y Engels, en La Guerra Civil en Francia, fueron muy críticos con ésta por no tomar el Banco de Francia, el cual seguía dispensando ingentes cantidades de francos a Thiers para rearmarse contra París, ni tampoco atacar a la vecina Versalles, sede del ejecutivo francés, desde donde se planeaba un ofensiva entre alemanes y galos sobre la antigua capital, cosa que ocurrió. La mayoría de iniciativas realizadas por los trabajadores iban en pro de conseguir una emancipación social y económica completa de los asalariados de la sociedad como clase, y el camino hacia el socialismo se hubiese culminado si las tropas del ejército de Versalles no hubieran hecho acto de presencia frente a París el 21 de mayo de 1871, con el consecuente derramamiento de sangre que puso fin a la breve, pero intensa, experiencia de la Comuna.

La Comuna, no sólo es el primer claro ejemplo de autogobierno obrero, sino que se convirtió en referente y objeto de debates en torno a su experiencia. Así, podemos encontrar en el Comité General y su organización un precursor de los soviets de trabajadores y soldados que surgirían en la Rusia zarista durante las revoluciones de 1905 y 1917. Por su parte, cabe destacar la influencia que la Comuna, y su derrota frente al ejército francés, tuvo sobre el propio desarrollo de la teoría de Marx y Engels sobre la que consideraban necesaria toma del poder político por parte de los trabajadores en el camino de su emancipación. Teoría y estrategia política que provocó la división del movimiento obrero y de la primera Internacional entre bakuninistas y marxistas, lo cual se materializó en la expulsión de los primeros en el Congreso de la Haya de 1872.

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