[MUJER ORGANIZADA, MUJER LIBERADA] Pioneras del feminismo: Mujeres Libres.

El reflejo de la estructura patriarcal en el seno de las organizaciones proletarias ha sido uno de los mayores y más duros obstáculos a los que se han enfrentado, y aún han de enfrentarse, las mujeres a lo largo de la Historia en su deseo de organizarse políticamente por conquistar sus derechos. En la teoría, estos movimientos han concebido fríamente la emancipación de las mujeres con la simple materialización de la Revolución, sin embargo, en la práctica, han demostrado que la jerarquía del patriarcado se encuentra patente en sus mismas filas. La escasa consciencia del machismo, y de los peligrosos micromachismos, en los movimientos obreros, ha supuesto la doble opresión de las mujeres: de clase, y por el mero hecho de ser mujer. A comienzos del siglo XX esta realidad es innegable en el Estado español. A pesar de que la llegada de la II República otorgó derechos y libertades políticas a las mujeres, a la hora de formar parte activa en organizaciones políticas se encontraron con la humillación y las carcajadas de sus compañeros. En este sentido, siguiendo con la serie de capítulos con los que desde Lumbre conmemoramos durante todo el mes de marzo el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras y sus diferentes formas de organización frente a la opresión, esta semana nos acercamos a la primera experiencia anarco-feminista dentro del Estado español: Mujeres Libres.

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La tendencia anarquista mayoritaria del Estado español ha bebido de las teorías de Bakunin que defiende la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado junto al hombre proletario, sin discriminación sexual ni salarial, que le permita poseer una independencia económica que a su vez posibilite su emancipación. En la práctica, estas premisas se convirtieron en papel mojado cuando desde la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI) se concibió a las mujeres, en su adhesión al movimiento anarquista, como un ente pasivo, negando su participación en asambleas y marginándolas de tomar parte activa en la lucha anticapitalista. La progresiva concienciación de las mujeres anarquistas de su papel secundario y del sistema patriarcal dentro del seno del anarcosindicalismo, les llevó a denunciar la situación de opresión que vivían dentro de su propio partido. El silencio y la recriminación de la mayoría de los anarquistas les llevó a concebir la idea de organizarse de forma independiente y autónoma.

El hombre revolucionario que hoy lucha por su libertad, solo, combate contra el mundo exterior. Contra un mundo que se opone a sus anhelos de libertad, igualdad y justicia social. La mujer revolucionaria, en cambio, ha de luchar en dos terrenos: primero por su libertad exterior, en cuya lucha tiene al hombre de aliado por los mismos ideales, por idéntica causa; pero, además, la mujer ha de luchar por la propia libertad interior, de la que el hombre disfruta ya desde hace siglos. Y en esta lucha, la mujer está sola”.

Mujeres Libres.

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En abril de 1936, nace en Madrid la revista Mujeres Libres, dirigida por las anarquistas Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch; redactada, editada y financiada únicamente por mujeres. Por primera vez en el anarcosindicalismo, se creaba un espacio de expresión libre mediante el cual las mujeres fueran las protagonistas de su propia emancipación. Con ella se intentaría llegar a las mujeres de clase trabajadora, formándolas e instruyéndolas en el movimiento libertario. Previamente, en 1934, en Barcelona surge el Grupo Cultural Femenino, dirigido por Felisa de Castro, Soledad Estorach, Maruja Boadas, etc., un grupo de jóvenes anarquistas que se organizaron de forma autónoma debido al machismo existente en la CNT; surgieron como una organización que formara y defendiera a las mujeres en su aspiración a formar parte de la lucha político-social anarquista.

Ambas iniciativas tendrán un papel fundamental cuando en agosto de 1937 se constituya la Federación Nacional de Mujeres Libres como organización política anarco-feminista, en un momento en que las mujeres trabajadoras se habían incorporado a la lucha antifascista y a la revolución libertaria debido al alto grado de concienciación de clase y feminista que habían conseguido desde años atrás. Con el fracaso del golpe de Estado y el comienzo de la Guerra Civil, tuvieron un papel fundamental con la formación de las mujeres en retaguardia, así como en la unión de las milicianas al frente de combate, donde también denunciaron la situación de machismo a las que se veían expuestas.

“El ejemplo está ahora vivo en todas partes; en la mayoría de los sindicatos de los pueblos ocurre que mientras los compañeros discuten o resuelven un asunto, las mujeres siguen ejerciendo, en el propio sindicato, y con el mismo espíritu servil que lo hacían antes en sus hogares, los trabajos “femeninos” de guisar, lavar, etcétera. Desde que comenzó la lucha hemos recorrido muchos pueblos de la España antifascista, y salvo en algunos sindicatos que han aceptado burguesitas más o menos guapas, más o menos mecanógrafas, sólo hemos visto mujeres humilladas en la misma esclavitud de siempre”.

Mujeres Libres.

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Mujeres Libres actuó ante la pasividad y la negación del anarquismo sobre la situación de desigualdad de derechos sociales y políticos de las mujeres que, defendían desde Mujeres Libres, vivían una triple esclavitud: de ignorancia, de mujer y de trabajadora. Se proponían dotar a las mujeres de una formación profesional, social y cultural que aumentara sus posibilidades de empleo, en la exigencia hacia un trabajo asalariado en igual de condiciones a los obreros, y que conllevara una independencia económica, indispensable para alcanzar su emancipación. Para ello, primaron la formación y educación cultural y política de sus afiliadas, siendo la mayoría mujeres de clase trabajadora con un nivel cultural bajo, que erradicara la analfabetización y la sumisión de su rol tradicional como madres, hermanas y esposas.

Desde el movimiento libertario no se apoyó, incluso se obstruyó, la iniciativa de Mujeres Libres, que eran vistas como rivales al atraer a las mujeres que se adherían al anarcosindicalismo. Este obstáculo, unido al nulo reconocimiento por el gobierno republicano, impidió que esta fuerza feminista denunciara institucionalmente esta situación de opresión y avanzara de igual a igual junto a los diferentes partidos políticos.

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La persistencia de los roles tradicionalmente asignados a la mujer y su propia situación de marginalidad política y militante no se expresaba sólo en el movimiento anarquista o anarcosindicalista, sino también en el resto de tendencias dentro de las organizaciones políticas y del movimiento obrero: comunista, marxista disidente, socialista, republicano. Al igual que la experiencia de Mujeres Libres, a lo largo de 1930 surgirán diferentes organizaciones femeninas que buscaban organizarse de forma independiente a su partido al ser conscientes de la opresión que vivían en su seno por ser mujer. La Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA) será la fuerza femenina antifascista mayoritaria, en teoría transpolítica, junto a su homóloga catalana Unió de Dones de Catalunya (UDC); en la práctica, la importancia de la AMA se debía al apoyo de base que recibía del PCE, lo que resultaría un obstáculo al imposibilitar su avance como un organismo totalmente autónomo. Sin embargo, encontramos otro ejemplo pionero del feminismo en el Secretariado Femenino del Partido Obrero de Unificación Marxista (SFPOUM), las denominadas marxistas disidentes por rechazar el stalinismo y por defender la revolución social unida a la lucha antifascista; sería la única organización que formaba no sólo profesional, cultural y políticamente a sus afiliadas, sino también militarmente a sus milicianas, en un deseo de formar un batallón femenino preparado, entre las que se encontraba la capitana Mika Etchebéhère, una de las pocas mujeres al mando de una de las columnas antifascistas en la Guerra Civil.

Con motivo de nuestro breve homenaje a la organización anarco-feminista, Mujeres Libres, os recomendamos el documental “Indomables, una historia de Mujeres Libres”, como una forma de acercar la experiencia pionera y feminista dentro del movimiento obrero del Estado español.  Durante los años 70, estas experiencias serán rescatadas en el movimiento feminista, en el que durante la dictadura franquista las mujeres habían perdido todos sus derechos y su propia identidad. En este nuevo proceso de lucha y toma de conciencia, las estrategias organizativas, educadoras y de resistencia de Mujeres Libres, y del resto de organizaciones femeninas antifascistas de los años 30, serán inspiradoras en la lucha por intentar alcanzar de nuevo la emancipación.

 

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