Nuestra Memoria Histórica no cabe en su Día. Reflexiones en torno al 14 de junio

Recuerdo el día en el que mi abuelo nos llevó a la tapia del cementerio viejo donde sabía con certeza que habían fusilado a su tío en 1941 después de tres años de cárcel. La descripción tan detallada con nuestros pies encima de la fosa común no intervenida nos hacía ver los cuerpos cayendo sobre la tierra, escuchar el tiro de gracia que los remataba. Mi hermano, mayor que yo, recuerda también cómo mi abuelo relató el arresto de su padre; de él, de mi bisabuelo, no nos queda cuerpo, ni fosa, ni cuneta, sólo una denuncia, un arresto y una desaparición. Otro de mis bisabuelos maternos, me contaba mi tía, fue militante del Partido Comunista desde los 18 años y vivió para contarlo. Vivió para dejar la memoria viva de aquella ocasión en la que tras ser herido en el frente de Madrid, y tras ser trasladado al hospital, éste fue asaltado por las tropas fascistas y tuvo que esconderse debajo de la cama gracias a un chivatazo; o de aquella vez en el frente de Alicante en el 39, donde se libró la última batalla de la Guerra Civil con victoria del bando franquista, con los últimos milicianos detenidos, su instinto le hizo esconderse en el río durante horas, de la que sacaría una amnesia temporal y un arresto carcelario. Pero no sólo él, mi bisabuela, “esposa de un rojo”, tuvo que firmar durante años en la comandancia de la Guardia Civil de Madrid…

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Miliciana de la Columna Uribarry con un niño en brazos. (Fuente)

Andalucía cuenta con una cifra oficial de más de 47.000 desaparecidos y represaliados de la represión franquista desde 1936 y recrudecida en la posguerra, y con 614 fosas comunes identificadas, a pesar de ser unos datos que necesitan actualizarse. Hoy 14 de junio, día de la Memoria Histórica de Andalucía, conmemoramos por primera vez a estos desaparecidos con una fecha de memoria institucional que llega tarde y con intención de apropiarse de nuestra herida, y de la mano de una Ley de Memoria Democrática que difumina y vacía políticamente las causas de una represión desmedida. El día de la Memoria Histórica de Andalucía, que en un principio se propuso poner el 18 de julio como el día en que comenzó el genocidio del pueblo andaluz, acabó fijándose por la Junta de Andalucía el 14 de junio, en recuerdo del inicio de la intervención arqueológica en Lecrín (Granada), considerada como primera exhumación realizada en Andalucía. O eso es al menos lo que nos cuentan desde los medios informativos, sin embargo la historia que esconde esta fecha es la historia que se ha repetido en diversas intervenciones: lo que realmente recordamos el 14 de junio es el intento de intervención en una fosa en Lecrín en el año 2003, por iniciativa de la CGT-Andalucía tras respaldar a Agustín Góngora en la búsqueda de su hermano fusilado por falangistas el 18 de julio en Motril. La intervención arqueológica sería cancelada al conocerse la ubicación de los restos de su hermano en un tramo de la autovía Granada-Motril, hecho ante el que el ayuntamiento se negaría a recurrir. Agustín fallecería años después sin recuperar el cuerpo de su hermano.

Homenajear a las represaliadas, los desaparecidos y las personas asesinadas el día institucional de la Memoria Histórica de Andalucía no hace más que sangrar las heridas que durante años no se han preocupado en sanar desde el gobierno andaluz. Por un lado, por parte de algunos ayuntamientos que se han negado a iniciar, a participar o a ceder espacios tales como cementerios para intervenir a ciencia cierta de la existencia de una fosa común; por otro lado, por la escasa subvención económica destinada a desenterrar víctimas del fascismo. Frente a esta desidia y dejadez institucional, han sido las asociaciones de familiares, algunas organizaciones políticas y sindicales, así como, en su mayoría, particulares, las que han iniciado la labor de recuperar la memoria y las vidas que nos quitaron, con la colaboración de arqueólogos y voluntarios, que en caso de recibirla, han percibido una escasa remuneración. De hecho, no es causal que hoy 14 de junio, en localidades andaluzas, como Sevilla y San Fernando, se hayan convocado, por parte de asociaciones de recuperación de la memora histórica, concentraciones exigiendo la exhumación de las fosas de los cementerios.

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Fosa común del cementerio de San Roque en Puerto Real. (Fuente)

En contraposición a esta dejadez institucional en lo concerniente a la memoria histórica, asistimos cotidianamente a situaciones de verdadera banalización del fascismo, cuando no su ensalzamiento. Nos vemos obligadas a recorrer calles y espacios urbanos que conmemoran a los golpistas y fascistas que asolaron nuestra tierra; hemos asistido en los últimos meses a la exaltación de figuras fascistas que participaron de la represión de la población civil, como sería el reciente entierro del ministro de la dictadura franquista Utrera Molina, uno de los asesinos del anarquista Salvador Puig Antich en 1974, en el que se cantó el Cara al Sol, hecho que ayer mismo la Fiscalía de Málaga archivó al entender que no constituía delito; o vemos como representantes públicos homenajean a franquistas, como el caso de la actual ministra Mª Dolores de Cospedal con el aviador franquista Joaquín García-Morato, participante en los bombardeos de Antequera y de Jaén en 1937, dejando en esta última ciudad casi 200 muertos. Todas estas expresiones son consentidas y apoyadas desde un régimen que no puede esconder más su filiación con el franquista.

Por eso hoy escribo mi historia personal, una historia que ha hecho herida en mi familia durante 80 años, en la que mi bisabuela sólo ha recibido de las instituciones una paga del PSOE y un “al menos no mataron a tu marido en la cárcel”. Para que aún siendo mi historia, deje el plano exclusivamente personal y, pase al colectivo, ya que al salir a la calle, a tu barrio o a tu pueblo, se repite tomando hechos, rostros y voces diferentes. Duelos familiares que se han llevado en silencio, escondiendo el estigma de ser descendiente de desaparecidos y fusilados, hijas que han fallecido sin saber dónde se encontraba el cuerpo de su padre o nietas que llevan flores a una cuneta. Esta es nuestra memoria histórica, la que se ha negado y marginado durante años de caciquismo del gobierno andaluz, que hoy nos prometen más actos de homenajes y de memoria de nuestras víctimas, es decir, más actos con foto de apropiación institucional.

Ya que si bien debemos aplaudir la capacidad de presión del tejido memorialista andaluz a la hora de que se redacte desde el Parlamento una Ley de Memoria Democrática, no podemos dejar de denunciar su naturaleza. No sólo por las limitaciones prácticas que tiene el texto, por ejemplo en materia de financiación de las actividades arqueológicas de exhumación, sino por el contexto institucional post-franquista en que se redacta. La naturaleza del régimen español post-franquista y de las propias instituciones andaluzas gestionadas por el PSOE, no sólo nos ofrecen una duda razonable de que el texto no vaya a aplicarse en toda su profundidad, sino que nos alerta de su uso propagandístico y para el blindaje de régimen. Así, por ejemplo, la Ley diferencia entre “víctimas”, que son aquellas personas que hayan sufrido algún tipo de violencia entre el golpe de estado y la constitución de 1978; y “memoria democrática de Andalucía”, relacionada con la recuperación de la lucha del pueblo andaluz en la conquista de sus derechos y libertades, que se extendería hasta la entrada en vigor en enero de 1982 del Estatuto de Autonomía. Aquí, no sólo se refleja la idea de que no existen víctimas en términos políticos en el estado español tras la Constitución de 1978, sino que la lucha por las libertades y derechos en Andalucía terminó con la aprobación del Estatuto de Autonomía. Un doble proceso de legitimación del sistema y de narración de una transición política que se vende como modélica, pero que esconde muertes y profundas violaciones de derechos en el país, así como constantes luchas sociales que ha vivido Andalucía. El blindaje del sistema que legitima el PSOE se hace evidente, cuando recientemente la Mesa del Congreso ha rechazado la solicitud de que se hiciera pública la documentación de la comisión de investigación del caso del asesinato de Manuel García Caparrós, que sigue impune y sin culpables.  Lo mismo podríamos decir de otros casos de asesinatos políticos, como Javier Verdejo, o casos de asesinatos en el tardofranquismo que siguen impunes y con la documentación archivada.

Por todo esto, nuestro día de la memoria histórica de Andalucía será todos los días y no un 14 de junio, será los días en que una abuela cuente su represión durante la dictadura, el día en que se consigue el permiso de intervención en una fosa común a través de la insistencia y la lucha del pueblo, el día en que un fusilado como Timoteo Mendieta es sacado de su fosa para volver a estar con su hija, el día en que nuestros poetas andaluces asesinados sean encontrados, recitados y reconocidos como víctimas del fascismo y no sólo como “muerto en Granada” o “fallecido por tuberculosis”.

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Fotógrafo retratando a soldados republicanos en Madrid, 1937 (Fuente)

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