El Rif. Pueblo hermano, país vecino (Parte I)

Las andaluzas y andaluces conocemos muy poco sobre el Rif y su población. Desconocemos su historia, las tensiones sociales e identitarias existentes, las condiciones en que vive el pueblo trabajador rifeño y el papel que juega su territorio en el seno del país marroquí. Y no obstante, Andalucía y el Rif están íntimamente ligadas: no podemos entender nuestra historia sin comprender la suya; ni pensar nuestro futuro sin tomar en consideración las luchas sociales rifeñas y la capacidad de su pueblo para democratizar la orilla sur del Estrecho.

Ahora que el Rif vuelve a aparecer en el imaginario colectivo marroquí y en la prensa como territorio rebelde e insurgente1, fruto de un nuevo ciclo de luchas populares2, se hace necesario realizar algunas reflexiones sobre la realidad de este territorio y el impacto que tiene en Andalucía. Queremos desgranar la historia del Rif y la naturaleza de su lucha en el seno de Marruecos, así como su importancia para el futuro de los pueblos del sur de Europa.

1921, 1958, 1984, 1990, 2011, 2016-2017… La larga lista de episodios de lucha social, resistencia al poder central y denuncia de la situación de pobreza y marginalidad por parte de los rifeños es síntoma de su condición de pueblo consciente. El último de estos episodios, denominado Movimiento Popular rifeño “Hirak al Chaabi”, estalló el 28 de octubre del 2016, a causa de la muerte del joven pescador Mouhcine Fikri en la ciudad de Alhucemas, triturado en un contenedor de basura. A día de hoy, fruto de la ausencia de una condena a los responsables de dicha muerte, así como de un trasfondo social y económico muy degradado y de la marginación política del Rif, el movimiento sigue vivo, nutriéndose de nuevos líderes populares y estrategias organizativas, en forma de comisiones y asambleas populares. Se mantiene la lista de demandas al gobierno marroquí, se amplia la petición de la libertad de los y las activistas detenidas, que suman ya más de 300, y toma fuerza la organización de los y las rifeñas en la diáspora europea. Para entender cómo se llega a esta situación, es necesario realizar un repaso histórico del Rif3.

Unas claves sobre el Rif

La activista rifeña en el exilio, Fateha Tegeoui, afirmaba en una entrevista ofrecida en el año 2013 a “La Verdad de Lanzarote”, que “El Rif nunca ha sido parte de Marruecos”4. Esta afirmación debe matizarse, ya que el Rif ha formado parte de unidades políticas y administrativas superiores que han terminando conformando lo que hoy en día conocemos como Marruecos. No obstante, es interesante en tanto que apela a la idiosincracia rifeña como territorio de gran independencia, identidad tribal y rebeldía histórica, en gran parte asociado al espíritu luchador amazigh/bereber, que conforma la base de su población. Veremos algunas claves para entender esto mejor.

En primer lugar, cabe distinguir entre árabe y amazigh/bereber. Amazigh es la población originaria del Norte de África (desde Egipto hasta las Islas Canarias y desde el Mediterráneo hasta el Sáhara), que poblaba estos territorios antes de la llegada de poblaciones foráneas, principalmente las árabes en el siglo VII, que comenzaron a asentarse y desplazar a los grupos étnicos amazigh. Junto con la población árabe (en un primer momento muy poco numerosa), se introdujo el Islam, que se expandió rápidamente por la Tamazgha (nombre dado a su territorio por los amazigh, lo que los árabes llamarían Magreb), sustituyendo a religiones cristianas, judías y animistas previas. La arabización que conoce esta región no sólo supone la llegada de población árabe, sino la pérdida de los idiomas y alfabetos amazigh (como el líbico-bereber), así como la aculturación árabe de sus poblaciones, a través del Islam. Esta arabización conoce un gran desarrollo con las políticas coloniales del siglo XX y con el propio estado marroquí tras su independencia en 1956.

En segundo lugar, debemos reflexionar sobre la naturaleza de los grupos humanos en el Rif y su relación con el estado. Según una reciente noticia de la Monde Amazigh, en el año 2016, bajo el gobierno de Benkiram, se expoliaron 30.000 hectáreas de tierras comunales y tribales en la provincia de Alhucemas (cerca de un 10% del total de su territorio)5, epicentro de las actuales protestas en el Rif. Más allá del carácter represivo de dichas medidas, en pleno inicio de las protestas del Hirak, este dato nos revela que en Marruecos han pervivido hasta el siglo XX estructuras de organización social que podemos denominar tribales. Son modelos de organización social comunitarios y ajenos a las lógicas capitalistas de propiedad y relaciones sociales productivistas. En pleno siglo XXI sus formas de propiedad comunitarias perviven y sobreviven a duras penas al ciclón (neo)liberal. El origen de estas formaciones tribales debemos rastrearlo en la prehistoria. Posteriormente, vivieron procesos de jerarquización y de surgimiento de reinados y de cierta centralización política, que siempre tenía la tribu como unidad social y productiva básica. Estos periodos de centralización han sido acompañados por presiones exteriores (fenicios-cartagineses, romanos, árabes, portugueses, españoles…), que en muchos casos han provocado movimientos de población de las tribus locales amazigh o la llegada de grupos tribales exteriores, ya sean amazigh o árabes. A pesar de estas dinámicas de jerarquización y de desintegración o pérdida de autonomía de las unidades tribales, así como el continuo movimiento a lo que fueron sometidas, estos grupos siguieron perviviendo y habitando amplias regiones del Norte de África.

La formación del sultanato aluita de Marruecos en el siglo XVII permite ver de que forma se concreta esta tensión entre tribus y estado central, así como el proceso de arabización. En general se ha descrito como una lucha entre el Bled-es-Mazjen (el estado) y el Bled-es-Siba (los territorios que no pagan impuestos). Cabe destacar cómo esta dinastía, que hoy en día sigue gobernando Marruecos, es de origen árabe y ha provocado una continua arabización de las zonas más importantes para el mantenimiento de su poder, ya sea por su importancia económica o estratégica. Así, por ejemplo, las zonas cercanas a las ciudades han sido sistemáticamente vaciadas de poblaciones tribales rebeldes -normalmente amazigh-, para ser ocupadas por otros grupos sumisos y que defendiesen el sultan ante revueltas. Esto ha provocado que en Marruecos los grupos amazigh que mantienen modos de vida tribales se hayan quedado replegados en las zonas montañosas y de menor interés para los propietarios y cadíes más poderosos, vinculados al estado. Ante el poder estatal -Bled es Mazjen- se ha opuesto históricamente en Marruecos un poder múltiple, de tipo tribal -Bled es Siba-, normalmente amazigh, que se ha negado a plegarse a la voluntad centralizadora del sultán, con respuestas violentas, lo que otorgaba una debilidad al estado marroquí que potenciaría su colonización a partir de 1911.

El Rif. Una historia de lucha y represión

La historia del Rif debe entenderse enmarcada en esta realidad compleja. Así, la región históricamente comprendida como Rif, que iría desde Tánger hasta el río Moulouya, y desde el Mediterráneo hasta el Corredor de Taza, se encuentra dividida en dos realidades étnicas6. La zona oriental, desde Targuist hacia el Moulouya, de naturaleza rifeña y amazigh, se caracteriza por haber mantenido su idioma (Chelja o tarifit) y la identidad tribal y bereber (zona verde en el mapa). Que veamos decenas de banderas amazigh en las manifestaciones se comprende en base a esta aplastante realidad; que observemos como sus manifestantes levantan los tres dedos centrales de la mano, es que expresan su comunidad amazigh: tierra (Akal), palabra (Awal) e identidad (Afgal). La zona occidental, llamada Jebala, es fundamentalmente arabofónica, fruto del movimiento de poblaciones árabes a esa zona como medio para controlar la rica y estratégica Península Tingitana, con grandes ciudades: Tánger, Tetouan, Ceuta, Chefchauen o Larache (zona roja en el mapa). En esta tendencia, ciudades históricamente rifeñas, como Ceuta, Melilla, Tánger, Tetouan, han sido sistemáticamente separadas de la región central y de su carácter amazigh, vinculándose a los poderes estatales marroquíes, como forma de controlar los flujos comerciales y la riqueza agrícola de la que disponían. Por su parte, las zonas más montañosas del Rif han quedado marginada económica y políticamente. Será a esta zona central rifeña a la que nos refiramos al hablar del Rif en este artículo.

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Vemos una larga lucha y rebeldía rifeña por el mantenimiento de su soberanía. Ya desde el siglo XV, con las conquistas de Melilla y Ceuta por parte de las coronas portuguesas e hispanas, existió una resistencia rifeña a la pérdida del control de parte de su territorio. En la segunda mitad del siglo XIX, de nuevo, el pueblo rifeño lucha y se revela contra los intereses europeos en su territorio, en lo que sería la avanzadilla colonial. Estos movimientos cristalizarían en el siglo XX, tras el establecimiento de un protectorado franco-español en 1911 en Marruecos. La subordinación política del Rif a los poderes estatales del Sultán (situados entre Fez y Marrakech), pero también un original movimiento de liberación nacional anti-colonizador, son algunas de las claves que permiten entender la creación de la República del Rif en 1921 (línea puntada en el mapa). Dicha república instituyó un poder rifeño en gran parte del territorio del Protectorado español, bajo el liderazgo de Abdelkarim el Khattabi (Abdelkrim). La República, que duró hasta el año 1926, suponía una total afrenta a los planes colonizadores occidentales sobre Marruecos, y fue combatida furiosamente por las tropas francesas y españolas, acción conjunta que utilizó todos los medios a su alcance para triunfar: desde diferentes formas de terrorismo, hasta agentes químicos7. Aun hoy en día quedan secuelas de esta represión que, como veremos, se repetirá en pocos años perpetrado bajo bandera marroquí8. La “heroica” gesta militar franco-española explica que un joven Francisco Franco sea condecorado con la Legión de Honor francesa en 19289, título que aun a día de hoy conserva. Los vínculos entre “democracia” y terrorismo de estado, bajo el capitalismo, son demasiado evidentes. A pesar de la represión sufrida, la república del Rif quedará en la memoria rifeña como un periodo de independencia y que abría las puertas a un desarrollo y a una salida de la marginación que, finalmente, nunca se produjo. La bandera de la república quedará como un símbolo, lo que explica que hoy en día podemos verla ondear en diferentes manifestaciones10.

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Legionarios españoles con cabezas cortadas de prisioneros rifeños en 1922 (Fuente)

En 1956, Marruecos consigue su independencia fruto de una dura lucha de liberación, en gran parte armada, y de una situación delicada de los dos estados colonizadores, el español y francés. No obstante, el nuevo país queda controlado por las élites económicas, principalmente árabes y francófilas, que establecen en torno al rey Mohammed V su proyecto político. Este proyecto se vincula rápidamente a una identificación del país con la lengua y cultura árabe, defendiendo el proyecto centralizador del Gran Marruecos, optando por una posición neutral en la Guerra Fría que rápidamente girará hacia una orientación pro-occidental y capitalista, fortalecimiento a las ciudades y élites atlánticas (Rabat, Marrakech o Casablanca) y marginando a amplias zonas rurales y amazigh. Esta realidad fue contestada por grupos armados, restos del Ejército de Liberación Nacional, hecho que tuvo especial importancia en el sur y en el Rif. En el Rif, la centralización del nuevo país en Rabat, su orientación hacia los capitales franceses y marginación de la antigua zona española, así como la endémica situación periférica de pobreza, causará el levantamiento armado en los años 1958-1959, teniendo como brazo armado el Ejército de Liberación del Norte. La represión de las Fuerzas Armadas del nuevo país, a cuyo mando iba el heredero al trono y futuro rey Hassan II, junto con militares marroquíes de funesto recuerdo (Mohamed Oufkir, el “carnicero del Rif”11) y oficiales del ejército francés, no será menos dura que sus antecesores colonizadores: bombardeará la región con napalm y fósforo blanco, atajando de forma brutal la situación, sus soldados violarán a las mujeres, destrozarán pueblos enteros y asesinarán a los insurgentes. La “pacificación” del Rif, una vez más, fue a sangre y plomo, costando la vida de miles de rifeños. Cabe destacar que desde este momento, Alhucemas fue considerada zona militarizada por el decreto 1-58-381, el cual sigue vigente hoy en día12.

En estos años en Marruecos, no sólo se reprimieron los proyectos alternativos de país y se produjo años más tarde una represión sistemática bajo el reinado de Hassan II -en lo que se ha denominado los “años de plomo”- que duró hasta la década de 1990; sino que, según las reflexiones de Abraham Serfaty, se pusieron las bases para el sometimiento de los grupos tribales marroquíes, con la imposición de la propiedad privada y la lógica productivista del mercado, así como el desmantelamiento de grandes terrenos comunales. Lo que la colonización francesa y española no pudo lograr, el nuevo estado marroquí desarrolla a marchas forzadas en la década de 1960. Con el nuevo estado centralizado, el Bled-es-Siba desaparece, o se transforma…

La década de 1970 es de extensión de luchas obreras, estudiantiles y, en suma, populares en el país marroquí. La represión del estado, que consiste en el encarcelamiento, asesinato y obligado exilio, viene seguida por una operación de unidad nacional en torno a la reclamación del Sáhara y la Marcha Verde, presentándose la figura del rey Hassan II como aglutinador de Marruecos, algo en torno a lo que todo el arco político legal se enrocará. En el Rif, la represión, la implantación de lógicas capitalistas de producción que provocan el subdesarrollo y la pobreza en la región, así como el abandono por parte del estado, obligan a un exilio y emigración de buena parte de su población, no ya a Argelia, como había ocurrido en los años 20-30, sino a Europa.

En 1984, en el marco de la extensión en el país de políticas neoliberales con los programas de ajuste estructural, y de protestas populares que se inician en 1981 con los sucesos de Casablanca, vuelven a estallar protestas en el Rif. El exilio había expulsado a más de 3 millones de rifeñas y rifeños a Europa13 y la situación socio-económica no había cambiado; de hecho, se habían endurecido, con la subida del precio de los productos de primera necesidad, provocando las “revueltas del hambre”. Las revueltas del Rif de 1984, que comenzaron como protestas y huelgas estudiantiles, se transformaron en movimientos de masas que llegaron a convocar la huelga general en la región14. Su potencia y radicalidad se debe, no sólo a la situación social y la memoria rebelde del Rif, sino a la implantación en la región de movimientos políticos como Ila Al Amam (partido marxista-leninista que desaparecería fruto de la represión en la década de 1970 y 1980, y que daría lugar a Vía Democrática) y organizaciones culturales amazigh15. La represión del estado marroquí volvería a caer sobre la región, provocando cientos de muertos, detención de líderes y representantes políticos, y la desaparición de las organizaciones culturales y políticas en la región16. Asimismo, es en este contexto en que el rey Hassan II, en un discurso ofrecido a la nación, denomina a los rifeños de “awbach”, es decir, apaches. Calificativo que ha quedado hasta el día de hoy y que simboliza la política de Marruecos sobre el Rif17. Estas revueltas del hambre se repetirán en 1990.

La década de 1990 fue de cambios en Marruecos. Es la década de la aparente democratización y modernización del país, coincidiendo con un acercamiento a Europa y, al final de la década, con un cambio de rey, subiendo al trono Mohamed VI. El establecimiento de nuevas Constituciones y una apertura política formal propicia que, de cara a Europa, el país se considere democrático. Esto permitirá una progresiva profundización en la asociación de Marruecos con la Unión Europea, desde el año 2000 al 2013, en que se firma un Acuerdo de Libre Comercio (ALECA). No obstante, la represión marroquí seguirá latiendo bajo su apariencia constitucional. Esto podemos verlo en lo que respecta al Rif. La violencia se transforma, ya no opera en forma de episodios de represión sangrienta, sino que se manifiesta en la marginación estructural que vive o en la falta de planes efectivos de desarrollo o de implantación de infraestructuras básicas. Por no hablar de la cooptación por el poder de los partidos políticos existentes. Un ejemplo de esta realidad la vemos en los hechos del 2004. Un potente terremoto sacudió el Rif y asoló la región de Alhucemas, dejando 800 muertos y a unos 15000 personas sin casa18. La ineficacia de la ayuda humanitaria, ocurrió de forma paralela a la dejadez a la hora de atender a las víctimas y reconstruir las zonas afectadas. Lo que pudieran parecer limitaciones técnicas, deben entenderse como una expresión política. La lentitud en llegar la ayuda y la militarización de la zona, no pueden considerarse hechos aislados19. Y es que la actitud del estado marroquí ante una catástrofe de este calibre en el Rif, debe vincularse con la política de marginalización y castigo a la región, a la historia de represión que aquí hemos esbozado20.

El último episodio represivo sobre el Rif, previo al actual ciclo de luchas, ocurre en el año 2011, en plenas protestas del Movimiento 20 de Febrero (20F), que defendían una democratización de Marruecos, el fin de la corrupción política, la libertad de los presos de conciencia, y la pobreza. Estas protestas, que sacaron a miles de manifestantes a las calles de todo el país y que consiguieron que se redactase una nueva constitución en el año 2011, fueron especialmente violentas en el Rif, con el asalto a edificios gubernamentales o sedes bancarias en ciudades como Nador, Fez, Alhucemas, Tánger, Larache, Tetouan o Sefru. Es significativa la violenta de las protestas en la ciudad de Imzouren, el epicentro del terremoto del 2004, donde se quemaron símbolos estatales21. La represión, una vez más, no se hizo esperar, y a las clásicas detenciones y violencia policial, se sumaron hechos como el asesinato de 5 manifestantes en Alhucemas, que acabaron calcinados en una sede del Banco Popular, hechos que aun a día de hoy no han sido esclarecidos y que parece ser fruto de la acción de la policía y de las bandas paramilitares del régimen (“baltaguía”)22. Estas manifestaciones siguen vivas en la memoria rifeña y marroquí, y las consecuencias de la represión están muy presentes en el actual ciclo de luchas, como vemos en el caso del activista del 20F Mohamed Jelloul, detenido el pasado mes de junio sólo 43 días después de salir de la cárcel tras cumplir una condena de 5 años a causa de las protestas del 201123.

Economía del Rif. Dependencia y remesas

Como denuncian hoy en día las manifestaciones y los intelectuales, nada ha cambiado. Ni la situación del Rif, ni la represión política. Hoy en día el Rif se caracteriza por su desvertebración territorial, con gran ausencia de infraestructuras que conecten sus zonas montañosas con las más bajas y la parte oriental con la occidental. Su subdesarrollo en términos sanitarios y educativos, que explica el alto grado de analfabetismo en sus zonas rurales y una profunda arabización de su población fruto de una política de aculturación constante de la población amazigh. Destaca la ausencia de un hospital especializado en oncología que permita tratar los casos de cánceres que en la región son muy altos fruto de las guerras químicas lanzadas sobre su población hace décadas, lo que obliga a cientos de familias a desplazarse hasta Rabat, donde gran parte de las personas atendidas por cáncer son rifeñas. Por su parte, choca la inexistencia de una Universidad en la amplia región central del Rif. Como se expresaba en una conferencia ofrecida el pasado 18 de junio en la casa de la Prensa de Rabat, el gran problema del Rif se expresa en su fallido modelo económico, la pobreza endémica y la falta de un desarrollo industrial. Esta realidad sería fruto de una marginalización por parte del estado marroquí, en lo que se conoce como “el Marruecos olvidado”, que comprende las grandes regiones amazigh, estando el Rif incluido. Esta marginación se materializó en la última reforma administrativa del país, en el año 2015, al trasladar la capital de la región donde se engloba gran parte del Rif, de Alhucemas a Tánger.

En 1956, la región del Rif contaba con 53 fábricas, centradas en la transformación de productos agroalimentarios y de pescado. A día de hoy, sólo cuenta con un centro industrial en la zona de Alhucemas, mientras otro está en construcción. La pesca, actividad tradicional y base de subsistencia de multitud de familias, se ve afectada por la des-regularización, vinculada a las políticas neoliberales del país, y por la sobre-explotación de los recursos marinos. Asimismo, se persiguen a los pequeños pescadores, mientras que se deja manga ancha para lo que se ha denominado una verdadera mafia pesquera en la región, vinculada a los poderes del país24. La propia muerte del pescador Mouhcine Fikri, cuando la policía requisó sus pescados y los tiró a un contenedor, es una espeluznante consecuencia de esta situación. La ausencia de proyectos de industrialización o de inversiones públicas para el desarrollo económico que parten de las políticas represivas desde los años 50-60, no sólo ha provocado una endémica situación de emigración, sino que ha obligado al Rif a centrarse en actividades de autoconsumo muy precario, a orientar su actividad hacia el turismo y a la especialización por parte de las familias campesinas en el cultivo de un producto que ofrece una clara salida exportadora: el cannabis. Cabe destacar la importancia del cultivo de estas plantas para muchas familias campesinas rifeñas, extrayéndose el codiciado hachis25 para el mercado fundamentalmente europeo. La presión del mercado europeo y, de forma muy importante español26, propicia que los cultivos hayan aumentado en los últimas décadas hasta alcanzar miles de hectáreas, haciendo que el cultivo de cannabis pase de ser una actividad tradicional o local, como lo era en los siglos anteriores, a una parte del engranaje de un multimillonario negocio27. Esto ha generado un abandono de los cultivos y técnicas tradicionales de agricultura, respetuosas con el medio ambiente y que proporcione productos para el consumo local, fomentando la deforestación y el agotamiento de los suelos y los recursos hídricos28. Todo ello, unido a un empobrecimiento de las familias campesinas, que ven cómo las ganancias del hachis se quedan en los intermediarios y las mafias locales e internacionales29. De hecho, es revelador que el Rif sea la segunda región con mayores depósitos bancarios del país, derivados de la droga.

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Manifestación en Alhucemas con la imagen del pescador Mouhcine Fikri, cuya muerte fue la chispa de las protestas. En segundo plano, una bandera amazigh (Fuente).

Los programas de desarrollo que en los últimos años se han propuesto para el Rif, forzados por las protestas del 2011, se han quedado en el papel. Todo sigue igual. Como expresaba en una entrevista realizada a Diagonal el líder de las protesta de Alhucemas actualmente encarcelado, Nasser Zefzafi, “el jefe de la Junta Provincial prometió cambios que han sido falsos, nada ha cambiado. Con la única intención de cercar y reducir las movilizaciones. Sabíamos que nos mentían”30.

De esta forma gran parte de la economía rifeña se ha orientado hacia un modelo altamente dependiente del exterior, ya sea de las remesas de las y los emigrados, de las que viven hasta un 25% de las familias, del turismo que invade sus costas o del mercado de hachis español y europeo, provocando una dinámica que no puede generar más que pobreza, desigualdad social y subordinación económica; y que no está exenta de corrupción política y, como expresaron recientemente en la casa de la prensa de Rabat, una clara cooptación política de los partidos del régimen marroquí ante esta situación.

(Sigue en Parte II) [Activo desde el día 5 a las 23:00]

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