168 Años de la Convención de Seneca Falls: 168 Años de Lucha por los Derechos de la Mujer

            En 1848, en una pequeña villa del condado de Seneca (Nueva York), un grupo de mujeres, entre las que se encontraban Jane Hunt, Martha Wright, Lucrecia Mott, Mary Ann M´Clintock y Elizabeth Cady Stanton, se reunieron para llevar a cabo el que sería el primer manifiesto pro-derechos de las mujeres en EE.UU., y que dará pie al nacimiento del movimiento feminista en el mundo.

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Sello postal estadounidense de 1948 en conmemoración por el primer centenario de la Convención de Seneca Falls.

            Los antecedentes de la Convención de Seneca Falls los encontramos en el contexto de reformas sociales por las que estaba atravesando la aún joven república estadounidense. La cuestión de la esclavitud no fue resuelta e incluso fue ignorada por los padres fundadores y despreciada por ciertos sectores del poder ante el miedo a una escisión de los estados sureños. Esto era así dado que la mano de obra esclava era esencial para la economía base de éstos; la agrícola. Pero en estos momentos comenzó a resultar una cuestión de primer orden para la opinión pública. Al mismo tiempo que comenzaba a coger fuerza las voces a favor del abolicionismo del sistema esclavista en el país, y en medio mundo, también lo hicieron aquellas disgustadas por las enormes restricciones políticas y sociales a las que se veían sometidas por ley, y por presión social, las mujeres frente a sus homólogos masculinos.

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Pintura sobre la Convención de la Anti-Slavery Society de Londres en 1840.

            Todo comenzó cuando, durante el Congreso Internacional Abolicionista celebrado en Londres en 1840, las mujeres quedaron relegadas a un papel meramente decorativo, en el fondo de la sala, mientras los hombres eran quienes tomaban la palabra. Varias de esas mujeres protestaron ante aquel hecho, como hizo Lucretia Mott junto a Elizabeth Cady Stanton, ambas presentes en aquel evento. Mott no soportó aquella situación de supeditación al hombre, donde ni siquiera se les permitía expresar su opinión simplemente por ser mujeres. Sus firmes creencias, enmarcadas en los principios de su comunidad religiosa, los cuáqueros, se basaban en que Dios había hecho a todos los hombres y todas las mujeres iguales. Por lo tanto, todos tenían los mismos derechos, chocaban directamente contra el sistema patriarcal establecido en el mundo. Este conflicto se reflejó primero en su posicionamiento en contra de la esclavitud, y después del Congreso de Londres, en la reivindicación de los derechos de la mujer. Así Lucretia Mott decidió reunirse para organizar la lucha por los derechos de la mujer junto a otras, dicho cónclave se acabaría llevando a cabo finalmente años después en Seneca Falls.

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Elizabeth Cady Stanton junto a dos hijos de sus tres hijos en una fotografía tomada en 1848.

            Las principales cuestiones e injusticias que motivaron la reunión de este pequeño grupo de mujeres, junto con un reducido número de hombres (aunque estos no habían sido invitados al conclave sí que se les permitió a aquellos que quisieron unirse permanecer durante los tres días que duró), se daban en diferentes ámbitos de la vida de cualquier mujer de esa época, y se ha seguido dando décadas después en mayor o menor grado. Por el mero hecho de serlo, las mujeres no tenían reconocido el derecho al voto (no digamos ya a presentarse como candidatas a unas elecciones de cualquier tipo), por lo tanto tampoco podían ocupar ningún cargo público y tenían prohibido la asistencia a reuniones políticas y a la afiliación a cualquier grupo de tal índole, incluido partidos. Pero no solo en el aspecto político las mujeres se veían marginadas, el económico era también un campo en el que se veían vetadas. Las mujeres no podían poseer propiedad alguna, todas las que pudieran conseguir por sus medios quedaban bajo la tutela de su progenitor, o transferidas a su marido en el caso de que estuvieran casadas. Es decir, no tenían posibilidad de independencia económica alguna, directamente no tenían derecho a ella al estar, según la legislación, incapacitadas para la administración de sus bienes por sí mismas. Además, tenían prohibido abrir cuentas corrientes, dedicarse al comercio o tener su propio negocio, entre otras cosas. Era una realidad, la de entonces para las mujeres, que parece lejana en el tiempo, pero que hasta no hace mucho tiempo también se sufría en nuestro propio país, donde a la mujer se la consideraba meramente apta para los asuntos del hogar y el alumbramiento y cría de sus hijos. De ahí su relevancia.

            Ante este contexto que encorsetaba sus derechos, estas pioneras y pioneros del movimiento feminista (unas ochenta mujeres y treinta hombres) manifestaron el derecho de las mujeres a ser consideradas por la sociedad y por la legislación de los EE.UU. al mismo nivel que los hombres, ni por encima, ni por debajo, simplemente al mismo. Dichas reivindicaciones quedaron plasmadas en la Declaración de Sentimientos y Resoluciones de 1848, un documento que redactaron a imagen del de la Declaración de Independencia de 1776 al considerar que era una clara declaración de independencia frente a su opresor, el sistema patriarcal del hombre. Esta Declaración puede ser leída pinchando a continuación en el siguiente enlace:

Declaración de Sentimientos y Resoluciones de 1848

            La Convención de Seneca Falls de 1848, y la Declaración de Sentimientos y Resoluciones que surgió de ella, fue el pistoletazo de salida a un movimiento feminista, cuyo desarrollo hemos podido ver en sucesivos artículos en Lumbre: desde el sufragismo, hasta las organizaciones pioneras del feminismo en el estado español, pasando por la figura de Clara Zetkin.

[Mujer organizada, mujer liberada] El origen del 8 de marzo y la figura de Clara Zetkin.

[MUJER ORGANIZADA, MUJER LIBERADA] El sufragismo en la historia del movimiento feminista: “Suffragettes”.

[MUJER ORGANIZADA, MUJER LIBERADA] Pioneras del feminismo: Mujeres Libres.

            La lectura de la Declaración, permite entender la situación de las mujeres, las denuncias que este grupo de activistas realizaron y, en suma, las reivindicaciones del primer feminismo, muchas de las cuales ya han sido superadas, mientras que otras siguen teniendo vigencia, como el renovado movimiento feminista no duda en denunciar, con el fin de acabar, de una vez con todas, con el patriarcado. Y por ello, desde LUMBRE, nos quedamos con las palabras que pronunció sobre este hecho la antropóloga cultural estadounidense, y defensora a través de su trabajo de los derechos de las mujeres, Margaret Mead, y que se encuentran en la placa que conmemora en la villa de Seneca Falls tan pionero acto:

“Never doubt that a small group of thoughtful committed citizens can change the World. Indeed it´s the only thing that ever has (Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanas comprometidos y reflexivos pueden cambiar el mundo. De hecho es la única cosa que puede hacerlo).”

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